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Estaba esquiando en Europa cuando el flujo de escombros sucedió. Seguí a KEYT en línea y miré las noticias en CNN para entender lo que había pasado. Me sentí desesperado por “hacer algo” sobre el horror que ocurría en mi ciudad, y un sentido profundo de pena y culpabilidad porque yo me encontraba tan lejos cuando tantos amigos y conocidos estaban sufriendo.

Probablemente estoy en la lista de correos electrónicos de Abe debido a previo trabajo medioambiental. Tal vez por eso recibí la noticia que se necesitaba voluntarios inmediatamente después de mi regreso. Me sentí muy agradecido agarrar mis palas y rastrillos y juntarme con los otros voluntarios a trabajar. El lodo todavía estaba muy mojado. Pasamos, mano a mano, cientos de cubos llenos de lodo aguado que sacábamos de una sala enterrada, haciendo montones enormes afuera que luego serían removidos por camiones.

Aquel primer día, la camaradería fue contagiosa. Trabajamos muy duro y reconocimos nuestros músculos doloridos y manos ampolladas con abrazos, risa y muchas palabras de apoyo. Nos recordamos que era importante tomar descansos y cuidarnos en medio de esa escena estremecedora de un desastre natural. Nos sentimos muy felices poder trabajar juntos y hacer algo positivo.

Regresé cada fin de semana por seis semanas. El lodo se endurecía y se hacía cada vez más difícil quitarlo. Empezamos a trabajar en la restauración afuera en vez de adentro de las casas. Pero la actitud de los voluntarios, el shock de entender plenamente la fuerza poderosísima del flujo, y nuestro papel pequeño de hacer algo para las víctimas, esas cosas no cambiaron.

Fue maravilloso hablar con las personas en la comunidad sobre el trabajo. Se apreciaba tanto nuestros esfuerzos, sin importar lo inexperto y sucio que era el trabajo. Sentirme útil, aún a pequeña escala, saberme nada más un engranaje en la máquina, fue tan valioso para mi. Juntos, cado uno trabajando sostenidamente para cumplir con nuestra pequeña parte, logramos muchísimo. Juntos, de verdad les ayudamos mucho a las víctimas, pero aún más importante, en mi opinión, es que nos recordamos a nosotros mismos y a otros el verdadero significado de la comunidad.

¡Gracias, Bucket Brigade!

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